LA ENFERMEDAD DE PARKINSON Y LA ALIMENTACIÓN


Hace años, asistí a una conferencia de profesionales y entusiastas de la Higiene Natural, en San Antonio, Texas. (La Higiene Natural es la filosofía nutricional y de estilo de vida, cuyos principios acogí y he intentado seguir desde que la “descubrí” a comienzos de los 90).

Durante la conferencia, un médico habló sobre cómo se había curado de la enfermedad de Parkinson desde hacía 8 años, después de haber adoptado la alimentación higienista y haber hecho cambios en su estilo de vida. Su mensaje era – al menos eso entendí yo – que existe una relación directa entre el Parkinson, y la forma como comemos y vivimos.

Los principios de la Higiene Natural, sencillos y fáciles de aplicar por todos, han sido cuestionados por las organizaciones de salud oficiales. Lo curioso es que a medida que el tiempo ha transcurrido, he visto como los hallazgos, los consejos y las recomendaciones de los eminentes higienistas han sido reafirmados, uno a uno, por las instituciones científicas oficiales que anteriormente los habían rechazado.

Hace pocos días, volví a recordar la historia de aquel médico, al enterarme de que la ciencia cuenta ahora con abundante evidencia científica para sospechar que la enfermedad de Parkinson se podría estar originando en el intestino, y no en el cerebro, como se creía en el pasado.

Los investigadores dicen que esto podría explicar por qué la mayoría de los pacientes de Parkinson se han quejado de estreñimiento u otros síntomas intestinales mucho antes de la aparición de los temblores y otros síntomas.

Los estudios demuestran que las personas con Parkinson tienen bacterias intestinales diferentes a otros adultos sanos. Los científicos creen que esas bacterias intestinales podrían ser las responsables de las sustancias químicas que hacen que algunas partes del cerebro se vuelvan hiperactivas y le causan daño.

La ciencia quiere ahora analizar los microbiomas intestinales, con el fin de identificar los microbios que pueden estar predisponiendo para la enfermedad. Si estas cepas se llegasen a identificar, esto significaría que se podría encontrar una manera de tratar y de prevenir el Parkinson antes de que aparezcan los síntomas y se produzca el daño cerebral.

En conclusión, los médicos tienen cada vez más claro que la función de nuestro sistema digestivo va mucho más allá de simplemente procesar la comida que ingerimos. Y todo parece indicar que un intestino sano es importante también para nuestra salud mental y del sistema nervioso.

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