Las modas nutricionales

Lo claro aquí es que nos hemos alejado de nuestro sentido común, y nos hemos dedicado a tragar entero todo lo que los medios afirman.

Hasta la nutrición se mueve al vaivén de la moda. O más bien al de la industria alimenticia. He visto desfilar ante mis ojos todo tipo de información sobre lo que se debe y no se debe comer, según los expertos del momento.

En los años 80, por ejemplo, era “in” ser vegetariano. Para reemplazar la carne - como si ésta necesitara reemplazo – entraron en el mercado los subproductos de la soya como la leche y el queso de soya. Todavía recuerdo las hamburguesas vegetarianas que se preparaban en esa época, moliendo algunos vegetales con un producto de soya deshidratada que parecía y sabía a cartón. La industria de la soya y sus subproductos se convirtió, entonces, en un negocio multimillonario. Actualmente, las bondades de la soya se cuestionan, y la leche de soya ha encontrado competencia en otras "leches" como la de almendras y la de arroz. .

La moda de aquellos tiempos incluía también los suplementos vitamínicos (en este campo cada día aparece un nuevo suplemento milagroso) y todo lo que tuviera el calificativo de integral: pan integral, azúcar integral y, en general, todos los cereales enteros. Se pusieron de moda los productos integrales de panadería con alto contenido de gluten – la principal proteína del trigo - sobre todo para los diabéticos. Los productos naturales (lo curioso es que la mayoría se venden encapsulados o empaquetados) se adueñaron del mercado, al igual que los alimentos light, sin azúcar o sin grasa, los que realmente consistían, y todavía consisten, en un festín de productos químicos, por lo cual están perdiendo popularidad.

Con el paso del tiempo, algún experto descubrió que consumir gluten podría ser la causa de un problema intestinal conocido como la enfermedad celíaca. De inmediato, el gluten pasó de héroe a villano, y la industria alimenticia se enfocó en la producción de alimentos “libres de gluten”, los cuales hoy se consumen indiscriminadamente y, en muchos casos, sin ninguna justificación. Otra tendencia que representa ventas anuales de 25 mil millones de dólares a los fabricantes de estos productos.

Al igual que el largo de la falda o el color del pintauñas, el consumo de las grasas ha estado también sujeto a los dictámenes de la moda nutricional. En la década de los 60, las grasas saturadas comenzaron a ser cuestionadas y la tradicional mantequilla fue eliminada de cualquier dieta saludable y sustituida por los aceites vegetales poliinsaturados. Apareció en el mercado la margarina, y todo indicaba que, con ésta, se había descubierto la fórmula para evitar la enfermedad cardíaca. No fue así. La margarina cayó en desgracia cuando se averiguó que su contenido de grasas “trans” la hacía incluso más peligrosa que la humilde mantequilla de vaca.

La tendencia actual replantea todo el tema de las grasas y se habla de regresar a la mantequilla de vaca, consumida con moderación. Entre los aceites todavía vigentes está el de oliva extra virgen, mientras el extra virgen de coco empieza a pisar fuerte. Todo indica que los aceites vegetales refinados estarán pronto mandados a recoger. Amanecerá y veremos.

Por los estantes de los supermercados y tiendas saludables, han pasado haciendo ruido productos como la semilla de linaza, el aceite de pescado y los famosos Omegas. También muchos productos “adelgazantes” como el Acai y “curadores del cáncer” como el Noni y el jugo de granada. Y, por supuesto, los súperalimentos del momento, la quinoa y la chía, cuyos precios usualmente están fuera del alcance del bolsillo promedio.

Las dietas para adelgazar han mutado de la Scardale a la baja en carbohidratos, pasando por la de Atkins y la Paleo. El vegetarianismo parece ya no estar tan de moda, y comparte adeptos con los pez-cetarianos, los veganos y los crudívoros.

Lo claro aquí es que nos hemos alejado de nuestro sentido común, y nos hemos dedicado a tragar entero lo que los medios afirman. Nos hemos olvidado de lo fundamental, de lo que siempre ha sido y será saludable: alimentarnos a base de frutas y verduras frescas, proteína de buena calidad y de alimentos combinados con sencillez.

¿Es momento de desaprender lo mal aprendido y dejar de correr detrás del último grito alimenticio de moda? Por lo menos, en mi caso, he tomado la decisión de hacerlo. Adiós a las fórmulas mágicas y a las panaceas. De regreso a las fruteras, a las verduras, a lo fresco. Y a disfrutar de mis gusticos non sanctos con moderación y sabrosura.

Toda la información nutricional que aparece en este blog es de carácter general y educativo, y no debe utilizarse como sustituto de una consulta médica. Aunque la autora no ha escatimado esfuerzos para suministrar información beneficiosa, usted debe consultar con su médico cualquier cambio que desee implementar en su nutrición y estilo de vida.

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